miércoles, 30 de enero de 2013

pero.

Me pasé la noche dando vueltas por aquel lugar. Estaba vacío.
No había nada. No se oía ni un simple ruido.
No quise hacer ningún ruido, Madrid parecía tan bonita dormida y relajada.
Me abrigaba, me abrazaba con sus luces.
Pero seguía estando vacía. Tanto como yo aquella noche.
Quise gritar, quise desahogarme pero... Ya dije que Madrid era muy bonita así de silenciosa.
Hasta que algo atormentó mi mente, tu risa. Miré hacía todos los lados, no quería creerme aquello que estaba escuchando en mi mente. Nadie. Volví a escuchar tu risa, tu voz susurrándome un 'mi reina' y volví a girarme.
No había nadie. Empecé a respirar velozmente, y, al final de aquella calle vacía, vi tus ojeras. Las reconocí a kilómetros. Como para no, chico.
Corrí, corrí hacía a ti como si no te hubiera visto en años y sin embargo, cuando llegué, me mirabas con esos ojitos rojos, y no exactamente de fumar.
Sonreíste.
Y no veas como me llenaste en ese momento, tío.
Volví a respirar rápido, mientras te acercabas lentamente a mi oído y susurrabas 'chica, tan bonita como siempre, eh, tu no cambias'.
Quise besarle, pero.
Se esfumó.
Se fue como el humo de mi cigarro, se piró como todo el mundo acababa yéndose de mi lado.
Dejándome sola, abandonada.

sábado, 19 de enero de 2013

"Lo soñé una y mil noches."

Soñé mil noches estar contigo, a tu lado. A poder arañar tu espalda, a poder hacerte marcas por todo el cuerpo. Poder dormir después en tu pecho, y, joder. Era lo que más esperaba. Pasarme toda una puta noche contigo haciendo el amor y después poder dormir contigo al amanecer, oyendo el latido de tu corazón. 


viernes, 18 de enero de 2013

"Escribí hasta no poder más."

Siempre quise escribir algo para desahogarme, para poder olvidar todo esto que me rodea pero siempre fue imposible.
Escribí por mi dolor y mi tormento, por mis rayadas y mis mierdas de cuentos. 
Escribí una y mil veces hasta que mis muñecas acabaron medio rotas (como yo) y mis ojos sin lágrimas que llorar. 
Escribí por intentar aliviar el dolor de mi alma.
Escribí por tus ojos azules, por tus ojeras.
Escribí por mi insomnio y por mi techo.
Escribí por él.
Escribí hasta morir.
Miles y miles de folios con sentimientos que nunca nadie leerá, con mierdas que hay en mi cabeza y no sé expresarlas de otra forma que no sea escribiendo.